Cuando eras chica me preguntaste
si yo iba a morirme.
Te quedaste callada cuando te dije
que sí.
Después quisiste saber si vos también.
¿Qué iba a pasar con la renoleta blanca?
Esa que guardamos
bajo la mediasombra en el patio
que nos lleva a las dos por la ruta
de Córdoba a Villa María
a visitar a tus abuelos.
Pensaste en ellos, y otra vez
la pregunta
que no hiciste
quedó resonando en el silencio.
Creo que imaginaste un desierto
de casas vacías
como cajas.